Dormir bien es una necesidad biológica fundamental. Sin embargo, pocas veces se habla de cómo el sueño afecta al sistema inmunitario y, en particular, a las enfermedades alérgicas.
Diversos estudios muestran que la falta de sueño o el descanso interrumpido pueden aumentar la inflamación del organismo, alterar la barrera epitelial y agravar los síntomas de alergias respiratorias, cutáneas o alimentarias.
El sueño y la inmunidad están estrechamente conectados: cuando uno falla, el otro se resiente.
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Conclusión
Dormir bien no solo mejora el estado de ánimo: también refuerza las defensas, regula la inflamación y ayuda a controlar las alergias.
La falta de sueño, por el contrario, puede convertirse en un desencadenante silencioso de crisis alérgicas.
Cuidar la calidad del descanso es invertir en salud inmunológica y bienestar a largo plazo.





